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8 Marzo 2010 – 9:23 pm | por Kana
El Candelabro de Paracas, las Is. Ballestas
Nuestra idea era ir a las islas Ballestas, frente a Paracas pero para eso debíamos ir a Ica, la ciudad más importante de la zona. A partir de ahí decidiríamos qué hacer.
Ir a Ica fue una tarea más complicada de lo que pensábamos.
En Lima (y tal vez la mayoría de las ciudades de Perú), no existe una sola terminal de ómnibus sino que cada empresa de transporte tiene la suya. O sea, hay varias terminales muy cercanas, pero nada unificado.
Fuimos a varias empresas y en todas nos dijeron que no podíamos comprar pasaje anticipado sino momentos antes de salir.
Desde donde estábamos, Miraflores, tardábamos más en ir hasta La Victoria, donde estaban las terminales que tomarlo en la Panamericana.
Así que Juanma nos llevó a a Panamericana donde lo tomamos. Un lugar bastante feo y marginal, que si hubiésemos estado solos creo que no lo hubiésemos logrado o no hubiésemos llegado a buen puerto.
De ahí hasta Ica tuvimos 4 horas y pico de viaje porque el colectivo no iba directo, sino que era como el tren lechero que pasaba de pueblo en pueblo. Así que el pasaje fue bastante barato, unos 18 soles (un poquito más de 6 dólares más o menos)
Estando arriba del mismo fui notando las primeras diferencias con los colectivos a los que uno está acostumbrado a tomar y me pareció de lo más interesante mencionar.
Una vez sentados pasa el boletero a cobrarnos. Si no tenemos cambio, hay que esperar a que el tipo encuentre para darnos (hay problemas de cambio como en Argentina). Después pasa alguien que controla el boleto.
Durante el recorrido, el chofer anuncia dónde va a parar (a veces en medio de la nada) y no es raro que en algunas ocasiones se olvide de anunciarlo, por lo tanto las personas deben estar atentas de no pasarse y bajarse en pleno desierto.
Al pasar por diferentes ciudades o poblados, hay recambio de pasajeros y por supuesto hay que volver a controlar todos los boletos. Así que en la ciudad donde el colectivo para, se baja un controlador de boletos y sube otro para controlar.
La venta ambulante de bebidas y comestibles dentro del colectivo es algo habitual y a veces el mismo vendedor es pasajero.
A veces uno escucha: “Hay helados, heladitos. De crema, de hielo”.
Se vende: praliné, alfajores, papas fritas, camotes, “sanduches”, bebida “helada” y quién sabe cuántas cosas más. Remarco lo de “helada” porque ya en varias ocasiones me han dado bebida (jugo) a temperatura ambiente. Sin embargo que esté helado no significa que esté realmente frío, sino apenas frío. Me sorprendía que la gente consuma tanta de estas porquerías y debe ser por ésto que vi tanta gente gorda, seguramente por malos hábitos alimenticios.
Mientras escuchaba a la vendedora no me dejaba de llamar la atención las montañas escritas con frases como “se vende” o “propiedad privada”. “Escritas” (entre comillas) ya que no las ví escritas realmente, sino que con piedras apiladas (o algo por el estilo) formaban las palabras.
Si bien en Perú está prohibida esta práctica de deterioro al paisaje, es muy común verlas y más común es en épocas de elecciones cuando en campaña proselitista todo vale.
Dejando de lado los negocios y banderas políticas, esporádicamente se podía leer un “Te amo” o “Lu te amo” (por dar algún nombre).
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