Por razones de tiempo, por un tiempo (valga la redundancia) hago un parate en la producción del blog. Ya venía con poco tiempo antes y a partir de esta semana, mucho menos.
Sin embargo trataré de responder los pocos comentarios que llegan al mismo.
Salute.
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El grupo de ex-bolsistas argentinos de becas otorgadas por la prefectura de Okinawa, Okiryūkai en una movida por aprovechar las nuevas tecnologías y poder comunicar de manera más eficiente y casi instantánea lo que hacemos; hemos creado un blog y un grupo de Facebook.
A todos los descendientes de Okinawenses interesados en las becas de Okinawa, podrán asistir a la charla que dará el Okiryūkai el 7 de este mes a las 16:00 hs en el Centro Okinawense en la Argentina
Al igual que nosotros, se ha generado toda una movida entre ex-becarios de otros países latinoamericanos que han ido a becados a Okinawa porque parece que por cuestiones presupuestarias se cortaría parcial o definitivamente el programa de becas ya que tienen un costo muy elevando para la prefectura de Okinawa que no anda bien en números.
Los artículos periodísticos (en japonés) pero los titulares dicen “El programa de estudiantes extranjeros es innecesario”. 留学生受入事業は不要 県版「仕分け」スタート 「改善が必要」89% 県事業「仕分け」
Después de mucho tiempo volvió un cuento ni tan corto ni tan largo. Escrito en buena parte en esos horarios laborales donde después de revisar 4 o 5 megas de debug, empiezo a ver esa maraña de caracteres como La Matrix y en lugar de ver un cúmulo de letras, veo una croqueta, un sandwich de milanesa y por ahí alguna mina en bolas…
Cuando noto que la “@” me parece muy sugestiva hago un parate y decido hacer otra cosa; lo que en mi empresa se denomina: boludear. Yo no boludeo con Facebook ni Youtube, sino con los blogs.
Volviendo al tema, el cuento se iba a llamar “Quinta dimensión”, un título muy trillado, muy de ciencia ficción trillada, así que quedó como “Dimensiones”.
Terminando con esta (tal vez) innecesaria introducción: el cuento… ¡chan chan!
En esta oficina tengo material para rato.
Por suerte ya se está terminando el día.
Coty 1: Voy a poner Coldplay para escuchar.
Coty 2: ¿Vas a poner Yellow?
Coty 1: ¿Iélou?
- ¡Hielo! – grita un enervado empleado solo para molestar y confundir más a las Cotys.
Coty 1 pone Yellow versión acústica.
Coty 2: ¿Qué es ésto? ¿qué es esa versión rara? – refiriéndose a una versión acústica.
Coty 1: ¿Cuál es Iélou? (¿estamos todos locos?)
- ¡Ésta canción! – grita otra enervada empleada podrida de escuchar tantas pelotudeces juntas. Sin embargo ella es otra máquina de decir boludeces.
Tal vez no se entienda mucho, pero seguro me entienden a mí. Esto es un suplicio.
A Galileo lo censuraron en 1633 por su teoría heliocéntrica. Y cada tantos años se replantean si ese italiano loco tenía razón.
Todavía debaten sobre si Darwin estaba en lo cierto y tratan de ver si se puede encastrar a la fuerza el diseño inteligente con la teoría de la evolución.
¿Será que tendremos que esperar otros 400 años para una sociedad igualitaria sin la intrusión de gorilas (porque no admiten la existencia de neandertales) religiosos?
Orsai es una palabra tan argentina como el mate (o el dulce de leche o el sanguche de milanesa) y que supo arrebatarle al anglosajón off-side todo protagonismo en estas latitudes.
Pero hay algunos (como muchos hemos hecho) que llevan el argentinismo más allá de cualquier frontera. Uno de ellos es Hernán Casciari.
A Hernán Casciari -blogudísticamente hablando- lo descubrí hace poco saltando de enlace en enlace con un artículo en el que me sentí tocado, me sentí casi totalmente identificado.
Justo cuando leí el artículo me encontraba en el laburo paveando en vez de tipear código sin sentido (por las mismas razones que algunos escuchan a Wagner) y fue como un orsai: no me lo esperaba, fue un golpe bajo.
Debo admitir que me tocó una fibra sensible en mí porque me tembló el pulso del dedo o tal vez es la tendinitis que tengo por el uso crónico del mouse. Leer el resto de la entrada »
[...] Entonces intuí, también por primera vez, la relación que existe entre una actividad elegida en contra de nuestros instintos – lo que llaman “profesión”, a lo que menos estamos llamados – y la imperiosa necesidad de adormecer la sensación de vacío y hambre mediante un arte que sirva de narcótico: el arte de Wagner, por ejemplo… [...]
Friedrich Nietzsche
Mi caso no es Wagner, pero estoy en la misma y constante búsqueda: nunca me es suficiente. Y es que al igual que el talento y la creatividad, mi necesidad por conocer nueva música es casi infinita. Espero no dejar de sorprenderme y no perder mi capacidad de asombro al ver/escuchar/apreciar gente talentosa.
Trato de no atarme a ningún estilo musical y conforme voy creciendo (o volviéndome más viejo) voy notando esas sutilezas en la música que cuando era más joven tal vez no lo apreciaba y recién ahora lo tengo en cuenta.
Agradecido estoy a Internet que me abre a un nuevo mundo de posibilidades y me da la oportunidad de escuchar la obra de artistas que tal vez hace 10 años (no nos vayamos tan lejos) atrás no hubiera podido escuchar.
En este caso es Jake Shimabukuro (shimanchú) de 33 años. Músico y compositor hawaiano que toca el ukulele como ningún otro. Uno tal vez asocie ukulele con el típico hawaiano bailando en la playa. Pero este vago revolucionó un estilo, una forma de tocar esta “guitarrita” pasando por estilos tan variados como jazz, funk, rock, etc.
Lo escucho y se me eriza la piel; llega a lo más profundo de la sensibilidad de uno al punto de emocionarse.
La descose el hijo de remil… (sana envidia).
“Go For Broke”, dedicado a los veteranos de guerra japoneses-estadounidenses de la 2º Guerra Mundial. Leer el resto de la entrada »