Amabilidad

El sol pega bastante fuerte ya desde tempranito en la veraniega mañana santafesina.
Horacio, mi viejo, viene bicicleteando desde su casa que no es muy lejos. En Santa Fe todo queda relativamente cerca.
Deja la misma en el zaguán de la tintorería y ahí mismo se quita la bermuda y sandalias para ponerse un pantalón de vestir y mocasines.

El sofocante calor no lo condiciona para mantener una cierta formalidad heredada del trabajo que hacía su padre ni impide que se tome un mate cocido a media mañana.

En verano el trabajo merma y no hay mucho para hacer más que escuchar la radio y esperar a recibir el diario vespertino, el cuál lee de atrás para adelante como si fuera un diario japonés. O tal vez lo hace porque prefiere resolver los crucigramas por sobre todas las cosas.

De repente, justo enfrente de la tintorería estaciona -cometiendo infracción porque no puede estacionar en pleno boulevard- una señora elegante que baja del auto para buscar una prenda.
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