“Buen día master” le decía todas las mañanas al guardia del edificio.
El tipo apenas asentía con la cabeza.
El ascensor tenía un lugar más.
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“Buen día master” le decía todas las mañanas al guardia del edificio.
El tipo apenas asentía con la cabeza.
El ascensor tenía un lugar más.
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Esta historia es una de habu. Se van a enterar qué es cuando lean el cuento.
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Tenía un par de cuentos guardados por ahí, medios olvidados y llenos de polvo.
Son apenas un puñado de cuentos, no he estado muy inspirado estos últimos años.
Creo que hoy es momento de estrenarlos en el blog, sino pasará otro año sin compartirlos.
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Ayer visitamos un lugar bastante particular por así decirlo.
Por motivo de mi cumpleaños (gracias, gracias por las salutaciones) fuimos a comer a un lugar que hacía tiempo queríamos ir. Está a la vista de todos en pleno San Telmo pero escondido a la vez.
Este lugar se llama “Sukiyaki”. A simple vista parece estar cerrado, abandonado, olvidado entre los nuevos boliches que se abren paso en uno de los pocos barrios que posee todavía algunas calles de adoquines que no fueron tapadas por asfalto.
El restaurante sólo trabaja con reserva y cuando llegamos a la puerta, parecía que estaba cerrado, sin embargo adentro había luz y movimiento.
Llamamos y salió un viejito, el señor Itoh, asomándose por la puerta diciendo “pasen, pasen, no levanto la persiana porque no tengo fuerza”. Sólo nos iba a atender a nosotros dos.
La primera impresión que tuve del lugar, fue olfativa. Inmediatamente me hizo recordar al comedor de la casa de mi abuela. Ese olor a guardado, mezcla con algo de incienso, olor a madera y comida.
Estaba todo en penumbra, pero podía verse con claridad una bicicleta apoyada sobre una mesa donde había una computadora que daba la impresión que hacía años había dejado de funcionar. Varias botellas de shochu conformaban la decoración de las paredes y había muchos libros japoneses acumulados por ahí. No podían faltar los ejemplares de La Plata Hochi.
Había varias mesas, pero nos sentamos en la única mesa que estaba iluminada y en la que había un anafe con una olla para sukiyaki conectada a una garrafa pequeña.
- Solo atiendo por reserva porque ya estoy viejo y no puedo atender a todos juntos – decía el Sr. Itoh con mucha dificultad para hablar -. Si atiendo todos juntos, ¡aaaaah aaaah -movía las manos de un lado a otro- no sale bien!
De repente lo vimos sacudirse como con un espasmo y se agarraba la cabeza. No entendíamos que pasaba pero al Sr. Itoh es mejor no preguntarle.
- ¿Vos que vas a tomar?
- Eeeeh, ¿agua?
- ¿Aaaagua? ¿Cómo vas a tomar agua? ¡Vos tomás cerveza, si no tomás cerveza no le vas a sentir el gusto a la comida!
Y dicho ésto, se dirigió a la heladera que si no era marca Siam, debe haber sido Peabody, muy vieja. Me asomé para ver que tenía algunas botellas, un maple de huevos y ví que sacó una botella de litro de Quilmes. También sacó una botellita de agua mineral para la Srta. V.
El Sr. Itoh no te pregunta qué querés comer, él te trae lo que él quiere, como quiere y la cantidad que quiere. También con esa actitud te cobra lo que quiere.
Lo primero que nos trajo fue sashimi y mientras nos echaba shoyu a los platitos, nos iba contando con tono histriónico su problema de salud y su reticencia a los médicos. Típico de viejo japonés duro que le huye a los médicos y piensa que nadie sabe nada, mucho menos su familia.
- Ninguno de los médicos sabe naaaaada, ¿cómo van a saber si ellos no son yo? ¿Ve? – y me miraba con los ojos bien abiertos. Los japoneses que hablan castellano son muy graciosos por la efusividad o entonación que utilizan en algunas palabras -. Tengo este problema desde el 2000, me dieron 4 meses de vida y mi médico se murió antes. Me dicen que tomo de todo, puro remedio… ¡Aaaaah, andá a la puta que lo parió! ¿Ha visto? Médico se murió antes -sonriendo-, en algún momento me voy a morir yo también. Siento mucho dolor en el cuello.
De su problema de salud venían esas punzadas que tanto se quejaba.
Mientras comíamos él se ponía detrás de un mostrador viejo como él mismo. Tan viejo como el de los viejos bodegones y desde esa posición nos habló de casi todos los temas que podríamos habernos imaginado. A pesar de su edad y sus problemas de salud, estaba lúcido y al tanto de la realidad del país.

Fue saltando de tema en tema, política, religión, los japoneses y sobre Nietzche. Este tipo no encajaba con mi concepto de inmigrante japonés. O tal vez sea hijo de la primer camada de inmigrantes japoneses del siglo XX.
Después vino y nos encendió el anafe y mientras hablaba iba echando la carne, las verduras, los hongos y la salsa para el sukiyaki.
Sabíamos que no podíamos intervenir en su ritual culinario por lo tanto ni siquiera atinamos a romper el huevo hasta que nos lo indicó.
- ¡Dale, rompé huevo, ahí ahí ponelo! ¿no va a comer?
Observando con atención a mi alrededor ví un cuadro donde había una mención que era de la gobernación de Iwate-ken.
- ¿Y eso? – le señalé
- ¡Ah, que se yo! A veces vienen de embajada. Es algo que me dió el gobernador por difundir cultura japonesa. ¡Qué me importa eso! ¿Sabe qué? Yo soy famoso ahora que soy viejo. ¿Y sabe por qué? Porque soy el único viejo que cocina. Ahora estoy en Internet. ¡Qué se yo!
Es verdad. Tanto en Guía Óleo como en Tripadvisor y algún que otro sitio web, este lugar es conocido tanto por su comida como por el viejo cascarrabias que lo atiende.
No no, Sukiyaki no es para la gente que tiene baja autoestima y quiera sentirse que la atienden como un Dios o eminencia. La relación que se establece con el Sr. Itoh es casi de uno a uno o de igual a igual. En verdad, uno está siempre un escalón más abajo, son las normas de reigi. Uno escucha y asiente con la cabeza.
Cenar con el Sr. Itoh es palpar y aprender sobre la forma de ser de los japoneses de antes, idiosincrasia a veces incomprendida.
Terminamos y con una reverencia nos fuimos.
Ha sido un gusto, le agradezco.

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Los sitios web de fotoperiodismo que tengo en mis favoritos son The Big Picture del Boston Globe y Lens del New York Times.
Allí encuentro un excelente trabajo de investigación acompañado siempre por la sensibilidad del ojo de quién toma la fotografía.
Sobre el primer artículo que quería hacer referencia es sobre la prostitución de civiles coreanas por parte de las fuerzas armadas japonesas durante la ocupación en China durante la 2da. Guerra Mundial.
35 años de ocupación japonesa de Corea es una cicatriz que no sé cuándo va cerrar.
Muchas jóvenes coreanas fueron obligadas a ir ciertos territorios chinos o engañadas con la promesa de que allí tendrían trabajo. Es lo que actualmente denominamos “trata de personas”.

Terminada la guerra, las fuerzas japonesas se retiraron pero ellas quedaron allí, aisladas y olvidadas.
Quedaron mucho más aisladas durante la guerra de Corea y tiempo después sólo recibían asistencia humanitaria de Corea del Norte. Algunas decidieron volver a la Corea comunista donde las condiciones de vida eran peores que en China.
La mayoría ya tienen entre 80 y 90 (algunas fallecieron a los 101), solas y sin hijos ya que nadie quería casarse con prostitutas (yo diría esclavas sexuales). Incluso muchas mujeres ya se han olvidado casi de su idioma materno o lo hablan con dificultad.
El artículo se llama “A War’s Cold Comfort in China” y las fotos son de Ahn Sehong.
Las imágenes son fuertes y reflejan el dolor y la angustia de las vejaciones, del abandono y el desarraigo.
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Okinawa es una caja de sorpresas. Uno no termina de asombrarse de la riqueza cultural de la prefectura.
Hace mucho tiempo atrás me compré un libro sobre las islas Okinawa, Miyako y Yaeyama llamado “Southern Breeze” (南の風) de Shokyu Otsuka.
El libro recorre estas islas del archipiélago de Ryukyu con fotos a todo color de la flora y fauna y un componente importante: la gente.
Una foto que me gusta mucho es ésta.

Paantu o パーントゥ
El programa “O3. Oriente, Occidente, Ohno” es el programa de cocina de Takehiro Ohno, un cocinero japonés que después de dar algunas vueltas por el mundo vino a vivir a Argentina. ¿Amor, un audaz, un loco o un enamorado de la impredecibilidad?
No importa, el tipo está acá y transmite de una manera muy simple y amena la gastronomía japonesa quitándole el halo de “complicada” o “sofisticada”. Con elementos que se encuentran a mano (o casi a mano) se puede hacer buena comida, sana y rica. Gracias a la tecnología, los videos de las recetas están en youtube y en el sitio web del Gourmet. Además, aprovechando herramientas como Evernote, copio las recetas en la nube y las voy chusmeando en otra parte (cocina o supermercado) con el celular que me sirve de machete.
Transcribo un par de recetas que encontré porque son muy fáciles de hacer y porque en cierta forma me trajeron recuerdos de: alguna misa japonesa (suena tétrico), algún festejo y alguna que otra vez en tierras niponas.
En la sección de carta de lectores de La Nación encontré una carta que a mi entender tiene que ver con la memoria, educación y política selectiva que sigue el gobierno nacional.
BATALLA
El próximo 3 de febrero se cumplirá el bicentenario de una gesta patriótica y punto de inflexión en lo que fué la guerra de la independencia de nuestro país. Me refiero al batalla de San Lorenzo, bautismo de fuego de los granaderos a caballo y primer combate en territorio argentino del general José de San Martín. Ese día no será feriado. Puedo aceptar que el revisionismo histórico revalorice algunos hechos, como la batalla de la Vuelta de Obligado, también feriado nacional, o los que este año se conmemoran. Pero no darle mismo valor a acontecimientos que también marcaron la historia de nuestro país me parece por lo menos injusto.
No hay feriado por el 3 de febrero, solo resta esperar ese día los homenajes de las autoriades nacionales al bicentenario del combate que constituyó el inicio triunfal de la campaña libertadora del general San Martín.
Wenceslao Wernicke
DNI 21.954.898
Enlace: http://www.lanacion.com.ar/1549595-cartas-de-los-lectores

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Hoy escuché esta frase que me pareció interesante citarla:
If you can’t be replaced, you can’t be promoted
Un concepto que choca contra la anhelada estabilidad laboral pero que a la vez nos da un sacudón para reveer nuestras expectativas a corto, mediano y largo plazo.
Tal vez deba dejar mi puesto de supervisor de abeja.

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Interesante cover de los Guns n’ Roses por Amos Lee.
Amos deja de lado los alaridos (exclusivos) de Axel para hacer una versión un poco más tranquila pero no por eso menos emotiva. Este tipo de música no es su estilo, sino el folk, sin embargo me pareció bastante buena este cover.
Gracias a Last.FM uno puede conocer músicos que aquí es muy difícil que puedan llegar a escucharse.