El Sr. Itoh

Ayer visitamos un lugar bastante particular por así decirlo.

Por motivo de mi cumpleaños (gracias, gracias por las salutaciones) fuimos a comer a un lugar que hacía tiempo queríamos ir. Está a la vista de todos en pleno San Telmo pero escondido a la vez.

Este lugar se llama “Sukiyaki”. A simple vista parece estar cerrado, abandonado, olvidado entre los nuevos boliches que se abren paso en uno de los pocos barrios que posee todavía algunas calles de adoquines que no fueron tapadas por asfalto.

El restaurante sólo trabaja con reserva y cuando llegamos a la puerta, parecía que estaba cerrado, sin embargo adentro había luz y movimiento.

Llamamos y salió un viejito, el señor Itoh, asomándose por la puerta diciendo “pasen, pasen, no levanto la persiana porque no tengo fuerza”. Sólo nos iba a atender a nosotros dos.

La primera impresión que tuve del lugar, fue olfativa. Inmediatamente me hizo recordar al comedor de la casa de mi abuela. Ese olor a guardado, mezcla con algo de incienso, olor a madera y comida.

Estaba todo en penumbra, pero podía verse con claridad una bicicleta apoyada sobre una mesa donde había una computadora que daba la impresión que hacía años había dejado de funcionar. Varias botellas de shochu conformaban la decoración de las paredes y había muchos libros japoneses acumulados por ahí. No podían faltar los ejemplares de La Plata Hochi.

Había varias mesas, pero nos sentamos en la única mesa que estaba iluminada y en la que había un anafe con una olla para sukiyaki conectada a una garrafa pequeña.

- Solo atiendo por reserva porque ya estoy viejo y no puedo atender a todos juntos – decía el Sr. Itoh con mucha dificultad para hablar -. Si atiendo todos juntos, ¡aaaaah aaaah -movía las manos de un lado a otro- no sale bien!

De repente lo vimos sacudirse como con un espasmo y se agarraba la cabeza. No entendíamos que pasaba pero al Sr. Itoh es mejor no preguntarle.

- ¿Vos que vas a tomar?
- Eeeeh, ¿agua?
- ¿Aaaagua? ¿Cómo vas a tomar agua? ¡Vos tomás cerveza, si no tomás cerveza no le vas a sentir el gusto a la comida!

Y dicho ésto, se dirigió a la heladera que si no era marca Siam, debe haber sido Peabody, muy vieja. Me asomé para ver que tenía algunas botellas, un maple de huevos y ví que sacó una botella de litro de Quilmes. También sacó una botellita de agua mineral para la Srta. V.

El Sr. Itoh no te pregunta qué querés comer, él te trae lo que él quiere, como quiere y la cantidad que quiere. También con esa actitud te cobra lo que quiere.

Lo primero que nos trajo fue sashimi y mientras nos echaba shoyu a los platitos, nos iba contando con tono histriónico su problema de salud y su reticencia a los médicos. Típico de viejo japonés duro que le huye a los médicos y piensa que nadie sabe nada, mucho menos su familia.

- Ninguno de los médicos sabe naaaaada, ¿cómo van a saber si ellos no son yo? ¿Ve? – y me miraba con los ojos bien abiertos. Los japoneses que hablan castellano son muy graciosos por la efusividad o entonación que utilizan en algunas palabras -. Tengo este problema desde el 2000, me dieron 4 meses de vida y mi médico se murió antes. Me dicen que tomo de todo, puro remedio… ¡Aaaaah, andá a la puta que lo parió! ¿Ha visto? Médico se murió antes -sonriendo-, en algún momento me voy a morir yo también. Siento mucho dolor en el cuello.

De su problema de salud venían esas punzadas que tanto se quejaba.

Mientras comíamos él se ponía detrás de un mostrador viejo como él mismo. Tan viejo como el de los viejos bodegones y desde esa posición nos habló de casi todos los temas que podríamos habernos imaginado. A pesar de su edad y sus problemas de salud, estaba lúcido y al tanto de la realidad del país.

Sukiyaki

Fue saltando de tema en tema, política, religión, los japoneses y sobre Nietzche. Este tipo no encajaba con mi concepto de inmigrante japonés. O tal vez sea hijo de la primer camada de inmigrantes japoneses del siglo XX.

Después vino y nos encendió el anafe y mientras hablaba iba echando la carne, las verduras, los hongos y la salsa para el sukiyaki.

Sabíamos que no podíamos intervenir en su ritual culinario por lo tanto ni siquiera atinamos a romper el huevo hasta que nos lo indicó.
- ¡Dale, rompé huevo, ahí ahí ponelo! ¿no va a comer?

Observando con atención a mi alrededor ví un cuadro donde había una mención que era de la gobernación de Iwate-ken.

- ¿Y eso? – le señalé
- ¡Ah, que se yo! A veces vienen de embajada. Es algo que me dió el gobernador por difundir cultura japonesa. ¡Qué me importa eso! ¿Sabe qué? Yo soy famoso ahora que soy viejo. ¿Y sabe por qué? Porque soy el único viejo que cocina. Ahora estoy en Internet. ¡Qué se yo!

Es verdad. Tanto en Guía Óleo como en Tripadvisor y algún que otro sitio web, este lugar es conocido tanto por su comida como por el viejo cascarrabias que lo atiende.

No no, Sukiyaki no es para la gente que tiene baja autoestima y quiera sentirse que la atienden como un Dios o eminencia. La relación que se establece con el Sr. Itoh es casi de uno a uno o de igual a igual. En verdad, uno está siempre un escalón más abajo, son las normas de reigi. Uno escucha y asiente con la cabeza.
Cenar con el Sr. Itoh es palpar y aprender sobre la forma de ser de los japoneses de antes, idiosincrasia a veces incomprendida.

Terminamos y con una reverencia nos fuimos.
Ha sido un gusto, le agradezco.

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fotos de acá

Decidí abrir otro blog (¡otro más!) dedicado a las fotos urbanas que he ido recogiendo a lo largo de estos años.
Son todas fotos de acá y de allá. De los barrios donde he vivido y transitado, que son una pequeñísima parte de esta ciudad.

Comencé este humilde blog con un par de posts que tienen fotos que ya habrán visto aquí, así que no hay nada nuevo. Lo único diferente es en este blog casi no hay texto, solo fotos.

http://zoomurbano.wordpress.com

La Boca tiene menos olor

Hace unos día atrás fui con la familia a dar una vuelta por Caminito: una visita obligada (por su valor histórico) pero que se ha convertido en un lugar contaminado por los comercios que venden muchas chucherías hechas en China y algunas otras cosas hechas en serie para el turismo comprador compulsivo.

Cuando llegamos, esperaba encontrarme con el inconfundible olor a podredumbre de la zona, pero me alegró notar que no era tan fuerte como en otras épocas. El agua del riachuelo pasó de ser negro petróleo a verde. Se nota que están limpiando la cuenca, que es una tarea enorme. No, no es gracias a María Julia.
Espero que podamos tener un lugar menos contaminado en unos años.

No estuvimos más de media hora en el lugar y decidimos partir a otro lugar. Dimos unas vueltas por ahí y después decidimos tomar el colectivo. El paisaje que ofrecía la caminata me pareció más interesante que Caminito así que dejo un par de fotos del barrio.

La Boca
La Boca
La Boca
perros

pesca del día

limpiando dorados

Estaba caminando por Chacarita, cerca de la cancha de Atlanta muy cerquita de Warnes. Se escuchaba el “eeeeoooeeeeooo” del partido que se disputaba a dos cuadras. Mientras tanto, en la vereda, un tipo estaba sacando de su conservadora unos pescados y los estaba limpiando en medio de la calle.
- ¿Esos son dorados? – le pregunté – son medio chiquitos (acostumbrado a los dorados que se conseguían en Santa Fe).
- Sí, nos fuimos acá al Paraná y los pescamos hoy a la madrugada.
- Qué raro encontrar estos bichos por esta zona.
- Sí, algunos dicen que acá no se pesca nada, pero se consigue, hay que saber buscar. Pescamos 34 y los vendimos casi todos, solo quedan estos 5 nomás. Te lo dejo a $15.

Precarización cultural

Iba a intitular este post “precarización laboral” pero en esta ciudad lo notable es la precarización en todos los ambientes donde la educación y la cultura son importantes.
Escuelas deterioradas, el teatro San Martín sigue en situación precaria (y yo vivo aquí desde el 2006), 40 músicos que hacía varios años (no se cuántos) que estaban contratados y que se les han cancelado sus contratos. Contratados por años en esta ciudad hay de a montones; una constante en la administración pública argentina.
Si no fuera por los contratados, la administración pública no caminaría porque todos sabemos que en la misma está lleno de gente que está ahí por amiguismo.
La ciudad se sigue moviendo a pesar de los intentos -directos o indirectos- de hundirla: de los apátridas, de la impericia, de la ineficiencia y despilfarro del millonario presupuesto que tiene la misma (injusta coparticipación de por medio).
Las calles de Palermo… ¡bárbaras!

¡Yo a jefe de gobierno lo voto a Amigacho que por lo menoch tiene mach’onda que al bigochudo chin bigote!

Solidaridad con el pueblo japonés

El viernes pasado a la hora 19, un grupo de gente (muchos convocados por Facebook) se hizo presente en el Obelisco para solidarizarse con el pueblo japonés por la desgracia ocurrida la semana pasada.

Lamentablemente no pude ir pero me han acercado un puñado de fotos que reflejan el sentimiento hacia el pueblo japonés.

Aunque parezca poco, el apoyo moral siempre es bien recibido por el pueblo japonés. Si hay algo que aprendí en mi cortísima estadía en las antípodas es el valor de la solidaridad, el agradecimiento y el esfuerzo.

Las últimas dos fotos son extraídas del Facebook de “Tomodachi Nikkei”.

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Orquesta típica El Afronte

Esta es una de las orquestas de tango que escucho de vez en cuando en el trabajo (y es por eso que recibo quejas de mis colegas reguetoneras).

Hace un tiempo atrás escuché esta orquesta en Humberto 1° entre Piedras y Balcarce. En ese momento les compré un CD llamado “Tango al palo” y me dejaron un papelito con la dirección del club donde tocan.

Orquesta típica El Afronte
Orquesta típica El Afronte

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